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Vacaciones en barco: ¡ahora entiendo a los famosos!

Henar Ortega
Me pasaba muchas veces: veía en la tele a los ricos y famosos montándose en su barquito, con ropa marinera, zarpando relajados, y pensaba: “¿se montan en su barco todos los veranos solo para demostrar poderío? Menudo rollo estar ahí metido todo el día”… Pero entonces llegó el verano de 2017 y ¡ZAS!, me dí cuenta de que el verdadero RELAX con mayúsculas está ahí fuera… ¡Los famosos no se equivocaban!

He de decir que a mí la llamada del barco me llegó un poco por casualidad. Un amigo creó un grupo de WhatsApp con unos cuantos y nos propuso el plan de irnos a navegar una semana por las islas griegas en verano. Lo único que daba un poco de pereza de la propuesta era que había que dejarlo comprometido y organizado en enero, a 8 meses de las vacaciones, y con incertidumbres de agenda varias en los distintos trabajos de cada uno.

Fotos: Henar Ortega

Porque aquí hay dos temas: que para que a los mundanos trabajadores de a pie nos salga económicamente aceptable la cosa tenemos que ser muchas personas (¡en nuestro caso once!), y que hay que poder confirmar por adelantadísimo. Y mira, no sé cómo, pero se alinearon los astros y reserva que te trajo de catamarán para doce personas con capitán (punto importante).

Lo de levantarse en medio del agua es una de las cosas que he descubierto que no tiene precio ni parangón. Siempre tempranito, que el sol y los planes de navegación matutinos no perdonan. ¿El desperece? Salto al agua y listo, que es la mejor forma de empezar a ver las cosas más claras: qué vas a desayunar, y… pocas decisiones más tendrás que tomar en tu día de navegación.

Encontrando el anhelado relax

Uno de los momentos más relajantes es el de la travesía pura y dura. Los primeros minutos te metes en el papel de marinero de forma total, ayudas al capitán en lo que te pida, pero una vez navegando te olvidas DE TODO. Entre el movimiento, las salpicaduras del agua y el viento, lo único que puedes hacer es untarte de crema de arriba a abajo, tumbarte en cubierta o en el sofacito de “la zona de estar” exterior y disfrutar de la vista, el aire, los amigos y dar gracias a la vida, que te ha dado taaaanto. Ni a leer aciertas con tanto bamboleo y agua que cae. Desconexión BRUTAL.

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Ni hablar de vomitar por la borda

Importantísimo es prevenir el mareo si crees que puedes caer presa de sus garras. A mí me pasó que, al subir a dejar la maleta, el barco en puerto ZAS me empecé a encontrar regular. Pero la visita a la farmacia que había hecho previamente me salvó la vida: pastillas para el mareo con y sin cafeína, y unas pulseras que resultaron PURA MAGIA, no me las quité en todo el viaje. Recomendadas al 1000×1000. Nadie más de todo el barco las necesitó pero oye, que más vale prevenir.

Un profesional a los mandos, por favor

Algo esencial a la hora de montar un plan como este es contratarlo con capitán. A ver: todos tenemos algún amigo que se está sacando el PER (y blablaba) y que le haría una ilusión tremenda llevar el barco, pero mejor que no: donde esté un profesional del mar que se quite un oficinista con ínfulas marineras. Al final es como cuando en una boda los novios le encargan las fotos a un amigo aficionado a la cámara de fotos: ni disfruta, ni las imágenes salen tan bien como las hechas por un profesional. Asúmelo como una partida más de gastos y a navegar a pierna suelta.

El wild wild sea

Porque algo de lo que me he dado cuenta metida en un barco 24×7 es del micro mundo enorme que es aquello de las leyes del mar, y las formas propias de relación y comunicación entre barcos. Todo sucede, hablando mal y claro, a voces. La gente se grita entre barcos pero a base de bien. Y luego a la hora de entrar en puertos hay ciertas normas de circulación, un poco como pasa en las carreteras, y por supuesto, también están los típicos listos que van por el arcén, y todo ese tipo de pirulillas que conocemos los que conducimos.

Vivir las grescas del mar entre nuestro capitán y otras embarcaciones fue una de las cosas más divertidas y desternillantes que recuerdo. Y menudas risas y descalabros aplicando el derecho de paso en los puertos… Si no sabes lo que es te digo de forma resumida: aunque atraques en doble o triple fila en el puerto porque no hay sitio, los otros barcos te deben dejar pasar y pisar por su cubierta para poder salir al puerto. En más de una de esas cubiertas relucientes con muebles de lujo me hubiera gustado quedarme a mí algo más que de paso…

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Si no lo has probado, yo que tú me apresuraba…

Disfrutar de buenos ratos con los amigos, en exclusividad y sin más distracciones que el turquesa del mar y una buena conversación, es una maravilla. Dejarse sorprender con la visión de pueblos, puertos y paisajes, desde el mar, como nunca antes has hecho. Snorkelear a todas horas y que la mayor preocupación sea si la GoPro está cargada o no. Vivir unos momentos irrepetibles con una paz inusitada. Relajarte y desconectar. Visitar lugares a los que solo puedes llegar por mar. Oh sí, viajar en barquito con los amigos era esto.

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¡MAYDAY, MAYDAY! No es la radio del barco, soy yo que tengo miedo de no querer volver a ir de vacaciones en tierra. Bueno, sí, por fortuna tengo muchos sitios en el mapa que quiero visitar a pie, como buena anónima que soy. Pero volveré a echarme a la mar alguna vez más en mi vida, y lo recomendaré hasta morir. Ahora entiendo tan bien la canción “la vida pirata es la vida mejor”.